martes, octubre 12, 2004

FUISTE TÚ

Fuiste tú, sí tú,
quien condenó mi corazón
al más oscuro ostracismo.
Tú fuiste quien me condenó
al destierro de tu cuerpo,
quien me negó
el brillo perlado y astral
de tu boca.
Tú fuiste quien buscó el placer
en las manos que no te tocaron,
en la boca que no te dejó caer su aliento,
en los ojos que no cegaste con tu luz.
Mientras, yo, sólo puedo quedarme
inmóvil y perplejo,
con un temblor en el cuerpo
que con un gran penar,
aún hoy me dura.
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