TODO, TODO EXPIRÓ MENOS TÚ
Todo, todo expiró menos tú.
Todo menos esos labios arqueados esbozando una sonrisa
cálida y mágica.
Todo quedó atrás salvo esta muerte que me agrede
desde el primer pensamiento de la mañana
hasta el último recuerdo antes de dormir.
¡Qué inmenso fue y es tu perfume que aún lo percibo!
Esta esperanza que me embargó sufrió un aborto
y desde entonces muero desangrado sin terminar nunca de perecer. Todo, todo expiró menos tú.
Todo salvo esa majestuosidad que pones en cada gesto tan preciso
capaz de dilatarme las pupilas ávidas de retener la mayor porción de TODA TÚ.
Pero ante vuestro gesto preciso está mi impreciso mirar, torpe, ciego y vagabundo. Errático en el trajín de ir y venir –más bien de ida y nunca de vuelta-, de creer por vuestra lengua las palabras que sonaban a cualquier cosa menos a despedida.
La credulidad fue mi pecado. Creer en unos labios tan delicados;
creer que en tan exacta escultura dental cupiesen
toda una serie de perfectas estructuras armónicas,
embriagantes y enigmáticas,
incapaces de esconder un trasfondo aterrador y perverso.
Todo, todo expiró menos tú.
Y ahora me encuentro vagando en el opaco reflejo
de una sombra que no consigo descifrar
si es la que bajo mis pies arrastro
o es la que, estando yo bajo sus pies, ella me arrastra a mí
dominante e impasible.
Todo, todo expiró menos tú. Y ya no sé si yo te crucifico a ti
o eres tú quien lo hace conmigo
escondida en esa sombra...
o en este poema.
Todo menos esos labios arqueados esbozando una sonrisa
cálida y mágica.
Todo quedó atrás salvo esta muerte que me agrede
desde el primer pensamiento de la mañana
hasta el último recuerdo antes de dormir.
¡Qué inmenso fue y es tu perfume que aún lo percibo!
Esta esperanza que me embargó sufrió un aborto
y desde entonces muero desangrado sin terminar nunca de perecer. Todo, todo expiró menos tú.
Todo salvo esa majestuosidad que pones en cada gesto tan preciso
capaz de dilatarme las pupilas ávidas de retener la mayor porción de TODA TÚ.
Pero ante vuestro gesto preciso está mi impreciso mirar, torpe, ciego y vagabundo. Errático en el trajín de ir y venir –más bien de ida y nunca de vuelta-, de creer por vuestra lengua las palabras que sonaban a cualquier cosa menos a despedida.
La credulidad fue mi pecado. Creer en unos labios tan delicados;
creer que en tan exacta escultura dental cupiesen
toda una serie de perfectas estructuras armónicas,
embriagantes y enigmáticas,
incapaces de esconder un trasfondo aterrador y perverso.
Todo, todo expiró menos tú.
Y ahora me encuentro vagando en el opaco reflejo
de una sombra que no consigo descifrar
si es la que bajo mis pies arrastro
o es la que, estando yo bajo sus pies, ella me arrastra a mí
dominante e impasible.
Todo, todo expiró menos tú. Y ya no sé si yo te crucifico a ti
o eres tú quien lo hace conmigo
escondida en esa sombra...
o en este poema.


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