jueves, junio 23, 2005

Conversaciones con Dios - fumando salvia-

Dios estaba allí, el de verdad. "¿Cómo tú por aquí?", le dije. "Pues ya ves, dando una vuelta", me respondió llanamente. Llevaba toda la mañana frotando inutilmente dos palos para encender una hoguera, porque en la isla casi desierta empezaba a refrescar, y su llegada me pareció providencial: "Anda, Tú que todo lo puedes, a ver si haces arder la leña". Me miró sonriente, sacó de debajo de la túnica un mechero y, tendiéndomelo, dijo: "Prueba con esto". Me quedé un tanto desconcertado; tratándose de quien es, me habría parecido más acertado que el fuego surguiera al chasquear Él los dedos o algo parecido. Encender con un vulgar mechero no tiene nada de prodigioso. "¿De verdad crees eso?", me preguntó. Pasé por alto que hubiera adivinado mi pensamiento, era lo previsible, y me quedé reflexionando un buen rato. Aunque no decía nada, estaba claro que seguía con interés el curso de mis elucubraciones y se lo pasaba en grande. Al final, me limité a sonreir yo también. Tenía razón, como no podía ser de otra manera.

Nos sentamos ante la hoguera, que chisporroteaba a influjo del viento, y permanecimos callados mientras la tarde se iba diluyendo en sombras cada vez más espesas. Todavía en silencio, llegó la noche y el cielo se cubrió de estrellas, tantas y tan brillantes como sólo es posible en mitad del océano. "¿Qué ves?", me dijo señalando la bóveda celeste. "Veo el mechero", le respondí. Y lo veía. Todo lo que componía el familiar objeto estaba ante mi vista, todo lo que desde el principio de los tiempos confluía en él, lo tenía delante de los ojos. El prodigio estaba en la materia misma, en sus partículas, en la delicada geometría de la forma, en la inteligencia que un día iluminó el cerebro del más viejo de nuestros antepasados, en el proceso constante de evolución humana, en el ingenio que fue desarrollando nuevas técnicas, ciencias y superando dificultades... en ese mechero estaba incluido el Big Bang y el mágico momento en que en el fondo del mar un nucleótido se replicó a sí mismo y dio comienzo la vida.

Su voz suave se dejó oir de nuevo: " Así es, pero hay algo aún más importante que ese mechero y que el Universo, porque es lo que les da sentido". Le miré sin entender. "Tú" -añadió-. "Sin tu consciencia, el mechero y las estrellas que contemplas estarán ahí... o no estarían. ¿Tiene existencia aquello que nunca nadie sabrá que existe?".

Empezaba a dolerme la cabeza. Hablar con Dios me deja siempre hecho un lio. Pensé que, en definitiva y según el concepto tradicional, Él era la Consciencia del Todo y los humanos una creación suya, meros comparsas. Otra vez me pilló: "¿Estás seguro? ¿No es posible que sea al revés o que lo nuestro sea una consciencia compartida?".

Me negué a seguir la conversación; ya no era consciente de nada y empezaba a marearme. "Toma -le dije devolviéndole el mechero- y la próxima vez no me des fuego, déjame que siga frotando palos hasta que se me quemen, sólo entonces tomaré consciencia de la libertad a través de los riesgos que corra. No necesito tu ayuda."

No se fue, Él no se ofende por una tontería así, y siguió haciéndome compañía sin hablar hasta que amaneció. Cuando el sol ya iluminaba las hojas más altas de los cocoteros, se puso en pie, me propinó un cariñoso cachete en la mejilla y se marchó, no sin antes darme un sabio consejo: "Fíjate bien en las plantas que comes, algunas de ellas son alucinógenas". Agaché la cabeza en busca de un palo para seguir haciendo fuego y encontré hojas secas de salvia ya fumada. Me levanté y me puse a buscar más. A ver que me revelaba Dios en mi segunda incursión psicotrópica.

sábado, junio 18, 2005

FUNDAR UNA SECTA

Un día de estos fundaré una secta. Será distinta, porque no pienso ofrecer paraísos ni hacer la colada con el Karma; es más, no ofreceré absolutamente nada. La cuota mensual será sustanciosa, para que con una docena de adeptos pueda yo vivir holgadamente y satisfacer todos mis caprichos . A cambio, tendrán el derecho a venerarme. Ya les veo venir hasta mí, reverenciosos y anhelantes: “Dinos algo maestro”. Ya les veo irse, rumiando para sus adentros qué oscuro arcano se encierra en mi silencio, porque, como es lógico, no me tomaré el trabajo de responderles.

Será una secta restringida, en la que, además de costoso, resulte difícil entrar. Sé que eso estimulará sus ansias y habrá bofetadas para apuntarse, pero me mantendré inflexible.

Como lo de las dietas absurdas y la recitación de consignas parece motivar a los vocacionalmente memos, les impondré un régimen a base de alcachofas y caramelos de menta, exigiendo que seiscientas sesenta y seis veces al día, estén donde estén, repitan en voz alta, “¡yo soy, aquí estoy pero lo mismo me voy!”, frase que, en su aparente simpleza encierra un profundo contenido trascendente. Al escucharles, unos dirán “ por mí, como si te mueres”, pero otros, en cambio, capatarán la hondura del mensaje y cambiarán sus vidas – para mi beneficio, claro está-.

Identificarse entre ellos y tener reuniones secretas es fundamental, así que me ocuparé del tema: nada de hacer malabarismos con las manos como los masones, mis adeptos llevarán A.R.B. (Antonio Rodríguez Bascuñana) tatuado en la nalga izquierda y se reconocerán entre sí con el campechano gesto de enseñarse el culo unos a otros. Los domingos, a las doce de la noche, deberán congregarse en un lugar fijado y, tras entonar a coro la frase autoafirmativa “los elegidos son pocos y los demás están locos”, se sumirán en profunda meditación durante seis horas para abrir sus mentes a la llegada de mis mensajes telepáticos. Y cuando al día siguiente que es lunes lleguen hechos un asco al trabajo, reflexionarán sobre la iniciática sesión preguntándose cosas como “¿las ganas de orinar que tenía eran sólo eso? ¿no sería un mensaje para que elimine de mí lo impuro?” o “ cuando se durmieron mis piernas ¿no me estaría enviando el maestro una señal para que camine recto por la vida?”.

Ja, me voy a forrar.

martes, junio 14, 2005

BUKOWSKI NO ERA POETA

Es más fácil ser poeta que ser yonki
aunque lo segundo es menos lógico y por lo tanto más digno.
Bukowski supo llevar una mala vida como nadie
pero no tenía talento para poetizar con ella.
Sin embargo, tenía razón cuando afirmaba que cualquier pendejo
puede ser un buen perdedor.
En eso coincidimos los que siempre andamos con resaca o en busca de ella.
Dormir hasta el medio día y mandar al carajo las obligaciones cotidianas,
aburridas y monótonas es gratificante.
Hasta las drogas duras
se vuelvan blandas si se toman con dulzura.
Bebe cerveza, sí, bebe hasta que se te nuble la vista, hasta que digas:
“No puedo más y aquí me quedo”; hasta que reafirmes
tu condición de perdedor bajo la ebriedad absoluta; hasta que pierdas la verticalidad
o hasta que la conciencia se sumerja en la oscuridad -también absoluta-.
Haz eso o suicídate
pero no seas como Bukowski.
Escribir un mal poema es sencillo, a la primera siempre sale. En cambio,
conseguir unos niveles de tolerancia a la droga – la que sea- requiere mucha práctica y
esfuerzo constante. Un mal porro siempre será más fantástico que un buen poema;
y unas rallitas y unas pastillitas -como aquellas que no tomé contigo aquella noche-.
Sé yonki amigo, pero no como bukowski. Porque hasta ahora el único alumno aventajado
de este poetastro al que desprecio se ha tomado la molestia de escribir esta mierda
de poema
mientras añora la otra mierda
que desde anoche
no consume.

Bukowski no era poeta.

Poemas de Bukowski:
http://www.lexia.com.ar/bukowsky.htm
Entrevista a Bukowski:
http://pereza.blogspot.com/2004/11/charles-bukowski-entrevista.html
Quiero ser como Charles Bukowski:
http://pereza.blogspot.com/2004_10_01_pereza_archive.html
Portal Literario para escritores noveles