sábado, junio 18, 2005

FUNDAR UNA SECTA

Un día de estos fundaré una secta. Será distinta, porque no pienso ofrecer paraísos ni hacer la colada con el Karma; es más, no ofreceré absolutamente nada. La cuota mensual será sustanciosa, para que con una docena de adeptos pueda yo vivir holgadamente y satisfacer todos mis caprichos . A cambio, tendrán el derecho a venerarme. Ya les veo venir hasta mí, reverenciosos y anhelantes: “Dinos algo maestro”. Ya les veo irse, rumiando para sus adentros qué oscuro arcano se encierra en mi silencio, porque, como es lógico, no me tomaré el trabajo de responderles.

Será una secta restringida, en la que, además de costoso, resulte difícil entrar. Sé que eso estimulará sus ansias y habrá bofetadas para apuntarse, pero me mantendré inflexible.

Como lo de las dietas absurdas y la recitación de consignas parece motivar a los vocacionalmente memos, les impondré un régimen a base de alcachofas y caramelos de menta, exigiendo que seiscientas sesenta y seis veces al día, estén donde estén, repitan en voz alta, “¡yo soy, aquí estoy pero lo mismo me voy!”, frase que, en su aparente simpleza encierra un profundo contenido trascendente. Al escucharles, unos dirán “ por mí, como si te mueres”, pero otros, en cambio, capatarán la hondura del mensaje y cambiarán sus vidas – para mi beneficio, claro está-.

Identificarse entre ellos y tener reuniones secretas es fundamental, así que me ocuparé del tema: nada de hacer malabarismos con las manos como los masones, mis adeptos llevarán A.R.B. (Antonio Rodríguez Bascuñana) tatuado en la nalga izquierda y se reconocerán entre sí con el campechano gesto de enseñarse el culo unos a otros. Los domingos, a las doce de la noche, deberán congregarse en un lugar fijado y, tras entonar a coro la frase autoafirmativa “los elegidos son pocos y los demás están locos”, se sumirán en profunda meditación durante seis horas para abrir sus mentes a la llegada de mis mensajes telepáticos. Y cuando al día siguiente que es lunes lleguen hechos un asco al trabajo, reflexionarán sobre la iniciática sesión preguntándose cosas como “¿las ganas de orinar que tenía eran sólo eso? ¿no sería un mensaje para que elimine de mí lo impuro?” o “ cuando se durmieron mis piernas ¿no me estaría enviando el maestro una señal para que camine recto por la vida?”.

Ja, me voy a forrar.
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